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Nutrición, materia pendiente para Argentina

¿Cómo nos alimentamos los argentinos? ¿Estamos realmente bien nutridos? Estas son algunas de las preguntas que intenta responder la última ENNyS, herramienta que brinda información clave para realizar un diagnóstico sobre el estado nutricional, los patrones alimentarios y hábitos de consumo de la población. En esta oportunidad, se entrevistaron a 21.358 casos de todo el país, a través de encuestas, mediciones antropométricas y bioquímicas.

Entre las principales conclusiones, se advierten indicadores que realmente preocupan, como los siguientes:

  • Más de del 40% de la población de 5 a 17 años tiene exceso de peso.
  • El exceso de peso está presente en casi el 68% de la población adulta.
  • Los grupos sociales de menores ingresos evidenciaron mayores índices de exceso de peso, y mayor prevalencia de obesidad.

Estos números son un reflejo de cuáles son actualmente nuestros hábitos de consumo en alimentación, donde los datos arrojados siguen siendo inquietantes:

  • Los niños y adolescentes son quienes más consumen bebidas artificiales con azúcar, al menos una vez al día.
  • El 36% de la población refirió haber consumido golosinas (caramelos, alfajores, chupetines, chicles, barras de cereal, etc.) dos veces por semana o más.
  • Los hogares con bajos ingresos consumen 2 veces más cantidad de productos de copetín que los sectores de mayores ingresos.

Muchos de los hábitos son resultado de las influencias que el entorno genera, que de alguna manera lleva a reforzar ciertas conductas. Al respecto, el informe  también es categórico:

  • El 23,5% de la población de 13 años y más declaró que compró algún alimento y/o bebida en la última semana porque lo vio en una publicidad.
  • Al 71,2% de los niños y adolescentes escolarizados, la escuela le provee a veces o siempre facturas, productos de pastelería, galletitas dulces y/o cereales con azúcar.
  • Sólo 2 de cada 10 estudiantes reportan que su institución siempre les provee frutas frescas.

Estos datos, entre otros, confirman que nuestros niños y adolescentes son quienes mayoritariamente se encuentran expuestos a un entorno obesogénico, que fomenta el consumo de alimentos y bebidas que deberían consumirse muy esporádicamente.

Los resultados son contundentes y nos interpelan a  tomar medidas urgentes para revertirlos. Tienen que estar presente en la agenda de política pública, además de la reflexión cotidiana. En este contexto ¿Es posible una mejor nutrición nacional?

Acá podes tener acceso al informe completo

¿Qué comemos cuando comemos? Alimentos ultraprocesados

Está comprobado que los nuevos hábitos nos llevan a comer cada vez menos saludable. Así lo confirman estudios y las alarmantes estadísticas en nuestro país. “Más del 50% de la población en Argentina tiene exceso de peso. Esto aumenta el riesgo de tener más de 200 problemas de salud, como por ejemplo: diabetes, hipertensión arterial (presión alta), enfermedades respiratorias crónicas, enfermedad de los riñones, del hígado y algunos tipos de cáncer”. Así lo informa el Ministerio de Salud de la Nación.

Por ello, resulta fundamental saber qué es lo que estamos consumiendo. ¿Todo es alimento? El Código Alimentario Argentino (Ley 18.284) define al alimento como “toda substancia o mezcla de substancias naturales o elaboradas que ingeridas por el hombre, aporten a su organismo los materiales y la energía necesarios para el desarrollo de sus procesos biológicos. Esta designación incluye además las substancias o mezclas de substancias que se ingieren por hábito, costumbres, o como coadyuvantes, tengan o no valor nutritivo”.

Para ir más allá de esta definición, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que es importante dejar de concebir a los alimentos como una mera suma de nutrientes y destacar el importantísimo papel que ejerce el procesamiento industrial moderno en su composición.

Así llegamos a saber que nuestra dieta diaria está compuesta -cada vez más- por lo que se denominan alimentos ultraprocesados, que básicamente son “formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas”, según la OPS. En su mayoría, están compuestos por ADITIVOS (aglutinantes, cohesionantes, colorantes, edulcorantes, emulsificantes, espesantes, espumantes, estabilizadores, “mejoradores” sensoriales como aromatizantes y saborizantes, conservadores, saborizantes y solventes).

Estos alimentos resultan nocivos para la salud porque:

  1. Su calidad nutricional es muy mala. Son ricos en azúcares libres, grasas no saludables y sal, y bajos en fibra alimentaria.
  2. Son extremadamente sabrosos y casi adictivos. Tienen características que generalmente nos llevan a un consumo excesivo.
  3. Imitan a otros alimentos, erróneamente vistos como saludables. Las tecnologías crean la falsa impresión de que se trata de alimentos beneficiosos.
  4. Fomentan el consumo como “Snacks”, para ser consumidos de inmediato en cualquier lugar.
  5. Se anuncian y promocionan de manera enérgica , con grandes campañas que seducen, sobre todo a ciertas poblaciones.
  6. Son socialmente y ambientalmente destructivos, porque afectan las formas de alimentación familiar y las economías locales, además de un proceso de fabricación contaminante.

Por ello, es importante que seamos conscientes de qué estamos consumiendo cuando todos los días nos llevamos un producto a la boca. Si son alimentos ultraprocesados, seguramente no son buenos.

Si querés  conocer más al respecto, podés acceder al informe completo de la OPS acá.

Informe Nutricional: el 47% de los niños con malnutrición

La malnutrición, principalmente por sobrepeso, es un flagelo que crece año a año y atraviesa a niños de todas las clases sociales. Pero, por el contexto socioeconómico en el que crecen, los menores en situación de vulnerabilidad son los que más lo sufren a raíz del consumo de alimentos con baja calidad nutricional.

Casi la mitad (el 47%) de los niños, niñas y adolescentes (NNA) que son beneficiarios del Banco de Alimentos Córdoba presenta algún estado de malnutrición: el 20% tiene obesidad, el 20% sobrepeso y un 7% tiene un peso menor al esperado.

El dato se desprende de un estudio realizado por el área de Nutrición de la fundación a 1426 chicos menores de 18 años (el 51% tienen entre 6 y 11 años, un 21% son niños/as de 3-5 años, 16% de 12 a 18 años y 12% entre 0 y 2 años) que asisten a más de 35 organizaciones (comedores, merenderos, copas de leche) beneficiarias del Banco. Las mediciones antropométricas se realizan desde marzo de este año.

Para entender mejor los resultados cabe destacar que, según los parámetros de la OMS, es de esperar que en una población se encuentre un 75% de NNA eutróficos (con un peso saludable), un 10% de malnutrición por déficit y un 15% de malnutrición por exceso.

Ver el informe completo aquí

Las consecuencias de la malnutrición infantil

Los niños, niñas y adolescentes con sobrepeso y obesidad tienen mayor riesgo de contraer enfermedades crónicas (enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer, diabetes y asma, entre otras) en la edad adulta.

Pero la malnutrición por exceso también impacta negativamente en el desarrollo cognitivo, acrecentando cada vez más la desigualdad de oportunidades.

“La niñez es una etapa vulnerable y clave para tener luego un adulto sano y bien desarrollado física y mentalmente. En el caso de los que menos tienen, es un habilitante para que después puedan conseguir un trabajo digno y salir de la pobreza”, aseguró Constanza Rodríguez, titular de la cátedra Alimentación del Niño de la carrera de Nutrición en la Universidad Católica de Córdoba.

Desigualdad económica, desigualdad alimentaria

Según un análisis de UNICEF Argentina, los adolescentes de bajo nivel socioeconómico (medido a través del nivel educativo de los padres) tienen un 31% más de probabilidad de tener sobrepeso respecto de los adolescentes del nivel socioeconómico más alto.