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Cuando calienta el sol: alimentación y verano

Con el calor, los hábitos y los patrones de sueño se modifican, lo que produce baja productividad e irritabilidad. Por eso, alimentarse adecuadamente es fundamental para mantener el cuerpo en condiciones frente a las altas temperaturas que traen los días de verano.

¿Qué debemos tener en cuenta?

· La hidratación. Es muy importante mantenerse hidratado, para recuperar las sales y minerales perdidos mediante la transpiración. El agua es siempre la mejor elección y se recomienda consumir entre 8 y 10 vasos por día mínimo. Las gaseosas, los jugos comerciales o aguas saborizadas sólo aportan calorías “vacías”, porque no poseen ningún tipo de nutrientes. Y aunque estén reducidas en azúcares, tienen aditivos como conservantes o colorantes.

El agua debe estar siempre disponible y -si bien debe ser potable- no es necesario que sea mineral o embotellada. Tampoco hay que esperar a tener sed para hidratarse.

· Priorizar el consumo de alimentos frescos, especialmente frutas y verduras. Son ricos en agua, además de poseer vitaminas y minerales. Pueden acompañarnos en todas las comidas del día y contienen fibra, que favorece el tránsito intestinal. A modo de ejemplo, es bueno saber que el tomate está formado en un 94% de agua, en tanto que la naranja y el durazno tienen un 87% de agua en su composición.

· No eliminar completamente otros alimentos básicos como cereales, lácteos y carnes de la dieta. La variedad es fundamental para mantener una adecuada nutrición.

· Tratar de evitar frituras, embutidos, fiambres y amasados de pastelería. Enlentecen la digestión y su consumo en exceso predispone a la obesidad, hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares, entre otras.

· Es necesario prestar atención sobre todo en el caso de niños, ancianos y enfermos, que son más vulnerables frente a los golpes de calor.

· Aumentar los cuidados a la hora de preparar y consumir los alimentos, dado que el riesgo de contraer enfermedades transmitidas por alimentos es mayor. Para ello:

-Los alimentos congelados y refrigerados no deben perder la cadena de frío.

-Usar siempre agua potable en la manipulación de los alimentos.

-Lavarse las manos con frecuencia.

-Lavar frutas y verduras cuidadosamente.

-Cocinar completamente los alimentos antes de consumirlos.

¿Qué comemos cuando comemos? Alimentos ultraprocesados

Está comprobado que los nuevos hábitos nos llevan a comer cada vez menos saludable. Así lo confirman estudios y las alarmantes estadísticas en nuestro país. “Más del 50% de la población en Argentina tiene exceso de peso. Esto aumenta el riesgo de tener más de 200 problemas de salud, como por ejemplo: diabetes, hipertensión arterial (presión alta), enfermedades respiratorias crónicas, enfermedad de los riñones, del hígado y algunos tipos de cáncer”. Así lo informa el Ministerio de Salud de la Nación.

Por ello, resulta fundamental saber qué es lo que estamos consumiendo. ¿Todo es alimento? El Código Alimentario Argentino (Ley 18.284) define al alimento como “toda substancia o mezcla de substancias naturales o elaboradas que ingeridas por el hombre, aporten a su organismo los materiales y la energía necesarios para el desarrollo de sus procesos biológicos. Esta designación incluye además las substancias o mezclas de substancias que se ingieren por hábito, costumbres, o como coadyuvantes, tengan o no valor nutritivo”.

Para ir más allá de esta definición, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que es importante dejar de concebir a los alimentos como una mera suma de nutrientes y destacar el importantísimo papel que ejerce el procesamiento industrial moderno en su composición.

Así llegamos a saber que nuestra dieta diaria está compuesta -cada vez más- por lo que se denominan alimentos ultraprocesados, que básicamente son “formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas”, según la OPS. En su mayoría, están compuestos por ADITIVOS (aglutinantes, cohesionantes, colorantes, edulcorantes, emulsificantes, espesantes, espumantes, estabilizadores, “mejoradores” sensoriales como aromatizantes y saborizantes, conservadores, saborizantes y solventes).

Estos alimentos resultan nocivos para la salud porque:

  1. Su calidad nutricional es muy mala. Son ricos en azúcares libres, grasas no saludables y sal, y bajos en fibra alimentaria.
  2. Son extremadamente sabrosos y casi adictivos. Tienen características que generalmente nos llevan a un consumo excesivo.
  3. Imitan a otros alimentos, erróneamente vistos como saludables. Las tecnologías crean la falsa impresión de que se trata de alimentos beneficiosos.
  4. Fomentan el consumo como “Snacks”, para ser consumidos de inmediato en cualquier lugar.
  5. Se anuncian y promocionan de manera enérgica , con grandes campañas que seducen, sobre todo a ciertas poblaciones.
  6. Son socialmente y ambientalmente destructivos, porque afectan las formas de alimentación familiar y las economías locales, además de un proceso de fabricación contaminante.

Por ello, es importante que seamos conscientes de qué estamos consumiendo cuando todos los días nos llevamos un producto a la boca. Si son alimentos ultraprocesados, seguramente no son buenos.

Si querés  conocer más al respecto, podés acceder al informe completo de la OPS acá.