Todo comenzó lejos de Córdoba, en los años ’60, cuando en Estados Unidos surgió una idea tan simple como poderosa: recuperar alimentos aptos para el consumo y hacerlos llegar a quienes más los necesitaban. El modelo demostró ser eficiente, replicable y transformador. Y cruzó fronteras.
En 2002, esa misma idea encontró tierra fértil en Córdoba. Nació el Banco de Alimentos con una convicción clara: que ningún alimento apto se desperdicie mientras haya familias que lo puedan aprovechar. Lo que empezó como una iniciativa local fue creciendo paso a paso, acompañando una necesidad que no dejaba de expandirse.
En 2004 llegó la primera gran base física: la construcción de la sede en el Predio del Mercado de Abasto Municipal. Tener un lugar propio significó ordenar, profesionalizar y proyectar.
Los años siguientes trajeron más trabajo, más organizaciones vinculadas y más alimentos rescatados. Y con ese crecimiento, nuevas decisiones: en 2017 se ampliaron y refaccionaron las oficinas y la cámara de frío para aumentar la capacidad operativa.